Las tensiones en el vínculo económico bilateral entre Argentina y Brasil: ¿son las políticas argentinas las únicas responsables?, por Esteban Actis

Desde el inicio de la crisis internacional en 2008 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha reforzado la administración del comercio -medidas generalmente de corte defensivo/proteccionistas-  afectando los vínculos económicos -flujos de comercio e inversión- de su vecino y aliado estratégico: Brasil.

Esta situación se  profundizó con el comienzo de 2012 a partir de una serie de medidas adoptadas desde la Argentina percibidas como lesivas al interés brasileño, afectando ya no el comercio bilateral sino también las inversiones de empresas brasileñas en Argentina. En este sentido podemos mencionar la Declaración Juradas de Importaciones (afectando la producción de Dass y Alpargata), las nuevas disposiciones del Banco Central en lo relativo al reparto de utilidades (afectando al Banco Patagonia, cuyo principal accionista es el Banco do Brasil) y la nueva política de hidrocarburos (afectando los intereses de Petrobras). A su vez,  la empresa Vale anunció una revisión de su millonaria inversión en Mendoza debido al mal clima de negocios y factores económicos como la inflación, la suba de impuestos y la política cambiaria.

Todas estas medidas son percibidas en el país vecino como un cambio en las reglas de juego para aquellos capitales que han invertido en la Argentina (cabe recordar que entre 2003 y 2010, Brasil se convirtió en el tercer inversor extranjero directo después de España y los EEUU) y en espíritu contrario al de la tan mentada integración productiva.  Motivo por el cual, desde distintos sectores de Brasil  -políticos, diplomáticos, empresariales y académicos- se reforzó el  argumento de la necesidad de revisar la relación bilateral con la Argentina y abandonar la famosa paciencia estratégica  que han tenido los gobiernos de Lula y el actual de Dilma Rousseff. En otras palabras, endurecer la dimensión política de la relación.

Si bien es innegable las desavenencias producto de la política económica argentina y el perjuicio a los intereses del sector privado brasileño, deben evitarse los análisis maniquéistas que señalan a la Argentina como el único responsable de las dificultades en las relaciones económicas bilaterales. Esta opción conlleva apartarnos de la extrema complejidad que adquieren las mismas a partir del comienzo del siglo XXI.

Desde el comienzo de la crisis internacional y más precisamente desde la llegada del Dilma Rousseff al Planalto, Brasil ha aplicado distintas políticas de corte defensivo con el objetivo de proteger un entramado industrial golpeado por la aplicación de políticas macroeconómicas de tipo ortodoxo.  Como sostiene el Comisario Europeo de Comercio, Karel De Gucht: “Brasil ha aprobado medidas bastante cuestionables como una tasa discriminatoria a la importación de vehículos, una exigencia de contenidos locales en el sector de telecomunicaciones, y procedimientos muy complicados para la importación de textiles”

Algunas de ellas, como la política de compra gubernamentales que privilegia  el capital local sobre el internacional -hasta un 25% de diferencia en el precio-   afectan los intereses argentinos. Esta medida de corte claramente proteccionista excluye prácticamente a empresas argentinas de poder participar de los 50.000 millones de reales  que  proyecta invertir el país vecino en obra pública en los próximos cinco años a causa del mundial de fútbol y de los juegos olímpicos. Funcionarios y empresarios argentinos criticaron  la medida de discriminatoria y de poca reciprocidad teniendo en cuenta el Protocolo de Compas Gubernamentales que aplica argentina que pone en igualdad de condiciones para licitaciones locales a las empresas argentinas y del Mercosur. De hecho, empresas brasileñas en la Argentina participan de licitaciones locales por un monto de 13.100 millones de dólares, siendo una de las principales vía de acceso para su internacionalización.

A su vez, a Brasil le ha constado cumplir el compromiso de las restricciones voluntarias a las exportaciones (RVE) que evitan afectar a sectores argentinos  que compiten con los productos brasileños. Dichas restricciones fueron  asumidas en 2005 con el Mecanismo de Adaptación Competitiva (MAC). Tal situación es uno de los argumentos que se erigen  desde el lado argentina para frenar el ingreso de mercancías.

Por su parte, el cuestionado comportamiento de ciertas empresas brasileñas -que han realizado inversiones  en áreas sensibles de los países receptores- es otro componente muchas veces obviado en analizar ciertas políticas. Las denuncias de los gobiernos de Mendoza y Neuquén en contra de  Vale y Petrobras respectivamente,  por incumplimiento de contrato no distan  de las acusaciones que muchas empresas brasileñas han tenido por ejemplo  en Bolivia, Perú y Ecuador. Que el capital provenga de un país del “sur” no implica, per se, que su conducta sea distinta a la lógica de los capitales del “norte” tan cuestionados por estas latitudes.

Estos ejemplos muestran que las dificultades de avanzar en un proceso de integración productiva binacional no provienen únicamente por las políticas aplicadas desde la Argentina. El contexto de crisis económica internacional y los ajustes domésticos que experimentan ambas economías han reavivado problemas y tensiones inherentes del vínculo bilateral producto de la falta de convergencia de políticas económicas y de una discusión profunda sobre una estrategia de  desarrollo  funcional para  ambos países.

A esta situación se le debe adicionar las dificultades que ambos países tienen en comprender las realidades de su vecino. La Argentina todavía no ha podido asimilar la profundización de las asimetrías a favor de Brasil y su condición de  líder regional. Brasil por su parte, no ha terminado de internalizar los costos que implica su liderazgo. En palabras de Helio Jaguaribe, la incapacidad y falta de políticas concretas que tiene Brasil en implementar una política industrial común que conduzca a una vigorosa reindustrialización de la Argentina.

En síntesis,  señalar a ciertas políticas que implementa la Argentina como la única y principal variable explicativa de las dificultades en la relación económica bilateral resulta incompleta si de lo que se pretende es avanzar en una verdadera comprensión del porqué de las dificultades y tensiones actuales.

Esteban Actis  é Licenciado en Relaciones Internacionales por  la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario – UNR-Argentina,  Profesor adscripto de la asignatura “Economía Internacional” y “Política Internacional Latinoamericana”, Becario Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – CONICET. (e.actis@conicet.gov.ar).

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