China en un nuevo contexto económico, por Ignacio Bartesaghi

El comportamiento de la economía China ha acaparado la atención de todos los gobiernos, organismos internacionales y analistas a nivel internacional. En primera instancia por el menor crecimiento del PIB de China, lo que afectó directamente el crecimiento de América Latina, y más recientemente por la devaluación del Yuan y la crisis de las principales bolsas de valores del país. A la coyuntura económica presentada, hay que adicionarle el nivel de fuga de capitales, el mal desempeño de un sector clave como la construcción, las últimas cifras de empleo y el mal desempeño del sector exportador.

Sin pretender negar lo que indudablemente es un nuevo contexto económico para el gigante asiático, con una clara ralentización de su economía, sí parece necesario enmarcar el mismo en un fenómeno de mayor amplitud, que tiene que ver con los cambios estructurales que está impulsando el gobierno para lograr un crecimiento sustentable, lo que debería ser internacionalmente bienvenido, por ejemplo en términos del respeto a las normas medio ambientales y laborales.

De acuerdo a la propia Oficina Nacional de Estadísticas de China el país habría crecido 7% en el primer semestre de 2015 (el año pasado su PIB aumentó 7,3%), una cifra que es todavía extremadamente alta en términos internacionales y que es resultado de los nuevos pilares de la economía china. Por cierto, desde hace ya algunos años que el gobierno chino había anunciado un crecimiento a estos niveles, que de acuerdo a las propias estadísticas oficiales del país y organismos internacionales, se mantendrá en el entorno del 6% y 7% en los próximos años.

Partiendo del consenso de que China lleva adelante reformas profundas en su economía, los últimos acontecimientos deben observarse en ese marco. Entre otros aspectos, está cambiando su modelo de producción y consumo. En el primer caso, apuntalando la mayor innovación en industrias ya consolidadas, pasando del modelo “Made in China” al “Made by China”, pero también apostando a la expansión e instalación de nuevas industrias dominadas por las potencias centrales (tecnología, energía y servicios, entre otras). Sin lugar a dudas se trata de un proceso que llevará años y que necesitará de ajustes en el modelo de crecimiento apuntalado desde la década del ochenta. Esta nueva realidad cambiará el patrón de inversiones, la importante regulación y control de la economía y la participación del sector público y privado en la misma, entre otras.

Otro de los pilares de la reforma china tiene que ver con los patrones de consumo del país, los que cambian aceleradamente. El nivel de reformas derivadas de los cambios mencionados afecta a un importante número de variables, sociales, culturales, económicas y demográficas. Es claro que el país espera una mayor participación del consumo interno en el crecimiento del PIB, lo que llevará a cambios en las tasas de ahorro observadas en los últimos años, las que también provocaron un boom en las bolsas de valores chinas y en la construcción, donde como se mencionó anteriormente se están dando determinados ajustes.

En definitiva, si bien existen dudas sobre la capacidad del gobierno chino para controlar esta nueva coyuntura económica, parece algo exagerada la reacción de occidente respecto a los acontecimientos relatados, mucho más si se tiene en cuenta que el origen de estos fenómenos se remonta a la crisis de 2008 en Estados Unidos y Europa.

China está llevando ajustes profundos en su economía y para mitigar sus impactos (algunos de los cuales quizás no ha logrado controlar o prever al menos en su intensidad), deberá implementar algunas medidas que le permitan una mejor performance de su economía, como por ejemplo la devaluación de su moneda para una mejora provisoria de la competitividad, la que también está en un claro proceso de internacionalización y en parte explica el fenómeno comentado.

Cabe recordar que el país cuenta con un nivel de reservas superlativo, que le permite accionar diferentes políticas de estímulos para afrontar los impactos mencionados. Paralelamente, el país lleva adelante una agresiva internacionalización de su economía con un nivel de inversiones de magnitud inédita en la historia, como es el caso de sus programas de infraestructura o de inversiones productivas en diferentes regiones. Todas estas iniciativas se llevan adelante concomitantemente con la formación de una nueva estructura institucional internacional, tanto financiera como vinculada al desarrollo e infraestructura.

Ahora bien, ¿cómo han reaccionado las diferentes economías a nivel internacional respecto a este nuevo fenómeno? En muchos casos parece existir una especie de reclamo por la nueva coyuntura, pero olvidando la contribución de China en el crecimiento de la economía internacional en las dos últimas décadas, lo que en el caso de América Latina ha sido evidente.

En los hechos, gran parte de América Latina con la excepción de México y de algunos países de Centroamérica que poseen un vínculo más intenso con Estados Unidos, han concentrado de manera dramática sus exportaciones en China, el que ya es el primer o segundo socio comercial para gran parte de los países de la región. Como es sabido, la locomotora del crecimiento han sido los productos básicos -o con poco proceso- exportados a China, lo que junto con los efectos de la competencia de las exportaciones industriales chinas, instaló el debate sobre la desindustrialización en la región, el que por cierto tiene varias aristas y escapa al alcance de esta columna.

En el caso de América Latina surgen algunas interrogantes en cuanto a si la región llevó adelante las transformaciones necesarias cuando se vio beneficiada por la voraz demanda china. Por ejemplo, ¿qué nivel de reformas se han llevado adelante en la educación o infraestructura?, ¿qué niveles de innovación y competitividad alcanzamos en nuestras industrias?, ¿qué desarrollo ha tenido el sector servicios?, o ¿qué éxito han tenido los procesos de integración regional en el desarrollo económico, el fomento de los encadenamientos productivos o la apertura comercial?

Si bien América Latina es una región diversa, podría aseverarse, quizás con escasas excepciones, que no se llevaron adelante las reformas que permitan afrontar con mayor margen de maniobra los cambios en el contexto económico de China, por lo que resta entonces asumir los impactos y reconocer los errores, pero especialmente discutir sobre los desafíos.

Ignacio Bartesaghi es Director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración. Doctor en Relaciones Internacionales. Integra el Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay.

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