La conferencia Afroasiática de Bandung: hito de las relaciones Sur – Sur, por Bruno Ayllón Pino

El sexagésimo aniversario de la Conferencia de Bandung, celebrada en 1955 en Indonesia, es una buena oportunidad para reflexionar sobre el significado geopolítico del “despertar de los pueblos colonizados” (Guitard, 1976) y su impacto en las relaciones Sur – Sur. El factor desencadenante de Bandung fue el final de la Segunda Guerra Mundial. Este acontecimiento abrió la caja de Pandora de los procesos de independencia, propiciando la confluencia de los partidos y movimientos de liberación nacional que, desde los años 20 del siglo XX, denunciaban el imperialismo y el colonialismo.

Esas fuerzas profundas fueron impulsadas por líderes carismáticos como Gandhi, Nehru, Sukarno, Nasser, Touré, Lumumba o Krumha que encarnaron los anhelos de sus pueblos y configuraron políticamente el “Tercer Mundo”, término acuñado por el geógrafo francés Alfred Sauvy en 1952. También emergió, en 1949, el liderazgo de Mao Tse Tung y Chou En Lai, anunciando el protagonismo de China. Todos estos líderes tendrán en común la búsqueda de caminos alternativos al capitalismo y al comunismo que se planteaban como modelos casi inexorables para los países del Sur.

En los años anteriores a Bandung se sucedieron con velocidad vertiginosa una serie de independencias iniciadas con la India (1947) y continuadas por Pakistán y Ceilán en el mismo año, Birmania (1948) e Indonesia (1949). En 1954 se firmaron los acuerdos de Ginebra que consumaron la independencia de Vietnam, Laos y Camboya. El turno de África se inició en 1951, en Libia, y en los años siguientes Sudán (1953), Marruecos y Túnez (1956) y Guinea Francesa (1958).

Según se iban independizando los países el “Tercer Mundo” ganaban peso específico y se reestructuraba el tablero mundial de fuerzas. Esos países representaban entonces “el vigor y pujanza de un mundo emergente que, sabedor de la importancia de sus reservas de materias primas y de su valioso papel en la geopolítica mundial, reclamaba con fuerza su protagonismo en las relaciones internacionales” (Unceta y Yoldi, 2000: 36)

Para comprender el significado de Bandung es necesario referirse al proceso de surgimiento de la conciencia del Sur y de su manifestación en las relaciones entre los países en desarrollo. En 1949 tuvo lugar la conferencia de Nueva Delhi en la que se reunieron los nuevos Estados asiáticos y Australia junto a Etiopía y Egipto. La presencia egipcia era muy importante pues representaba el vínculo entre África y Asia a través de la Liga Árabe, creada en 1945. En la capital de India reafirmaron la “condena del colonialismo y la reclamación de libertad para los pueblos sometidos, rechazando el ordenamiento internacional vigente, proponiendo uno nuevo en el que fueran protagonistas” (Mesa, 1986: 8)

En abril de 1954 se produjeron dos hechos que preanunciaron Bandung:

1.- La Conferencia de Colombo, donde los primeros ministros de Ceilán, Birmania, India, Pakistán e Indonesia, afirmaron los intereses y problemas comunes que empujaban a la concertación y la cooperación política regional. Allí acordaron convocar una conferencia afro-asiática.

2.- La resolución pacífica, de China e India, de la guerra del Tíbet incorporando al Tratado de Pekín los “Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica”.

Los cinco principios se debatieron en Bandung y fueron adoptados por la ONU en la Resolución 1188 (XII) de 1957, sobre el Respeto Internacional de Derecho de los Pueblos y de las Naciones a la Libre Determinación. Se convirtieron también en el núcleo político principal del Movimiento de los No Alineados (MNOAL) creado en Belgrado, en 1961.

La Conferencia de Bandung contó con la presencia de 23 países asiáticos, 6 africanos y 30 movimientos de liberación. Junto a los convocantes, (India, Indonesia, Pakistán, Birmania y Ceilán) estuvieron presentes por parte de Asia y Oriente Medio: Afganistán, Arabia Saudita, Camboya, Irak, Irán, Jordania, Laos, Líbano, Nepal, Filipinas, República Popular China, Siria, Tailandia, Vietnam del Norte, Vietnam del Sur y Yemen, además de Japón y Turquía con la curiosidad de que, hasta hacía poco, habían sido imperios y Turquía pertenecía a la OTAN desde 1951. Por parte africana, asistieron Egipto, Etiopía, Liberia, Libia, Ghana y Sudán. La Conferencia fue mayoritariamente asiática, pues la mayor parte de África continuaba ocupada en sus luchas de independencia, con un gran peso de naciones de religión islámica.

Bandung alumbró tres documentos: dos dedicados a la condena del racismo y al peligro de las armas nucleares y una declaración final con cinco apartados (cooperación económica basada en intereses mutuos, cooperación cultural, derechos humanos y autodeterminación, colonialismo y medidas para la paz) que revelaron “una equilibrada dosificación entre los problemas de 1955 y los proyectos utópicos de un sistema internacional que se quería fuese diferente” (Mesa, 1993: 15)

Pero Bandung pasó a la historia por los diez puntos finales de la declaración considerados un manifiesto de la paz mundial, la independencia y la cooperación internacional:

1.- Respeto a los derechos humanos fundamentales y principios de la Carta de la ONU.

2.- Respeto a la soberanía e integridad territorial de todas las naciones.

3.- Reconocimiento de la igualdad entre las razas y entre todas las naciones.

4.- No-intervención y no injerencia en los asuntos internos de otros países.

5.- Respeto a los derechos de cada nación y a su propia defensa en conformidad con la Carta de la ONU.

6.- Rechazo del recurso a los pactos de defensa colectiva para beneficiar intereses específicos de las grandes potencias.

7.- Abstención de actos o de amenazas de agresión o del empleo de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de un país.

8.- Solución de conflictos por medios pacíficos acorde a la Carta de la ONU.

9.- Fomento de los intereses mutuos y de la cooperación.

10.- Respeto de la justicia y de las obligaciones internacionales

¿Cómo reaccionaron las potencias occidentales y la URSS? En resumen: sin mucho entusiasmo. Moscú intento articular un frente de países asiáticos que apoyaran su presencia en Bandung, pero Indonesia y la India se opusieron. Los USA veían con preocupación la conferencia después de la experiencia coreana y se mostraban recelosos de que sus intereses de política exterior se vieran perjudicados en Asia por un deslizamiento del “Tercer Mundo” hacia el comunismo, fuese soviético o chino. París y Londres tampoco mostraban excesivas simpatías, en ambos casos por las repercusiones de la conferencia afro-asiática en las colonias y territorios que todavía poseían.

Pero no todo fueron desconfianzas en Occidente. Paul H. Spaak, político belga, presidente del Consejo de Europa y secretario general de la OTAN, reconoció que “Bandung estuvo repleto de mensajes y lecciones que nosotros europeos deberíamos considerar”. Abogó también por la reconstrucción de las relaciones entre Occidente y África y Asia pero para ello “deberíamos abandonar de una vez por toda el sentimiento de superioridad racial y todo deseo de dominación injusta” (Conte, 1965)

La Conferencia de Bandung se considera el momento fundacional de la solidaridad de los pueblos recién independizados. Las relaciones Sur – Sur fueron consideradas como un instrumento y un objetivo compartido que debía propiciar la denuncia política y la articulación de coaliciones entre países en desarrollo con la finalidad de ganar peso en las organizaciones internacionales y reducir las asimetrías del sistema económico mundial. En Bandung, los líderes políticos de Asia y África idearon vías alternativas al capitalismo y al socialismo bajo el postulado de cohesionar a los países del “Tercer Mundo”, enumerando los principios que guiarían su cooperación, recomendando medidas destinadas a incrementar el peso y la influencia política del Sur. Se propuso además la cooperación técnica entre países en desarrollo, concebida como un mecanismo solidario para lograr un progreso económico-social autosuficiente.

Estas aspiraciones fueron la consecuencia de consensos políticos básicos entre los países presentes en aquella conferencia en lo referente a una posición equidistante frente al conflicto bipolar, rechazando todo colonialismo o racismo y apostando por el fomento conjunto del desarrollo económico. El espíritu de Bandung inauguró una época de solidaridad estimulante convirtiéndose en referencia clave que los líderes del Sur emplearon para vincular sus políticas exteriores a los principios de no interferencia y no alineamiento (Hirst y Antonini, 2009; Braveboy-Wagner, 2009).

Los principios de Bandung fueron el fundamento de las relaciones Sur-Sur. Su importancia política puede resumirse en la asociación de un grupo de países jóvenes que buscaban caminos alternativos para su inserción independiente y autónoma, a partir de la identificación de intereses mutuos, del rechazo al colonialismo y a sus manifestaciones económicas, políticas e intelectuales. Se configuró así una identidad propia equidistante de los dos bloques del mundo bipolar inaugurando un proceso de coordinación de acciones entre países en desarrollo en temas de interés común, fundando la solidaridad de los pueblos del Sur (Milani, 2012; Soares, 2011).

El análisis de los resultados de Bandung muestra un legado teñido de claroscuros. Ciertamente su programa de solidaridad y cohesión del Sur fue demasiado idealista. Aunque el peso del MNOAL se incrementara en las dos décadas siguientes no todos los líderes de Bandung, menos aún sus sucesores, asumieron y aplicaron plenamente el espíritu y la letra de la declaración final como demostraron el conflicto indo-pakistaní de Cachemira (1965) o el desarrollo de armas nucleares por esos dos países. Al mismo tiempo, muchos países presentes en Bandung tuvieron que tomar partido por uno de los dos bandos en la Guerra Fría y se registraron ocupaciones y agresiones neocolonialistas, como la ocupación y represión del Tíbet por parte de China.

La heterogeneidad de las realidades nacionales, las diferentes estrategias de inserción internacional, las diversas orientaciones de política exterior y los distintos modelos de desarrollo fueron también causantes de la crisis de la unidad del Sur que se empezó a manifestar a final de los años 70. Los USA y la URSS también contribuyeron a dividir a los países del Sur ganándoles para sus causas. El fracaso de muchos de los nuevos países independientes en crear condiciones dignas de vida para sus ciudadanos y la perpetuación en el poder de muchos líderes africanos y asiáticos, en proyectos autoritarios, restaron credibilidad al “espíritu de Bandung” Algunos incluso manipularon el MNOAL en beneficio propio o actuaron como agentes de las dos superpotencias (Mesa, 1993).

Por otra parte, la idea de que la cooperación entre países en desarrollo reforzaría la capacidad de negociación del Sur frente a los países occidentales mostró sus limitaciones en la década de los 80, de modo que “el proyecto general de cooperación fracasó a causa de su naturaleza general y su amplia esfera de acción: la falacia del argumento era su premisa básica de que todos los países subdesarrollados tenían más cosas en común de las que poseían en realidad y que todas las soluciones podían ser aplicadas uniformemente con el mismo éxito” (Lechini, 2009: 66).

Con el paso de los años, la dimensión política que tuvieron las relaciones Sur – Sur y la cooperación mutua fueron perdiendo peso a favor de sus componentes más económicos y técnicos. Así se impuso una práctica de las relaciones Sur – Sur alejada de sus objetivos primigenios de denuncia y transformación del sistema internacional. Sesenta años después de Bandung, los países del Sur Global inciden en foros y regímenes internacionales donde cuestionan las reglas de la política y la economía internacional definidas por las potencias occidentales. Sin embargo, lo hacen en un contexto radicalmente diferente al espíritu surgido en 1955. Si en aquella época la lógica fue la búsqueda de alternativas políticas en el mundo bipolar, en la actualidad la racionalidad que lleva a los emergentes y a otros países en desarrollo a intensificar sus relaciones es la de promover su inserción internacional a través de la generación de mecanismos de diálogo político, empoderamiento económico y cooperación en bases horizontales.

Referencias bibliográficas

  • BRAVEBOY-WAGNER, J. (2009): Institutions of the Global South, Routledge: London.
  • CONTE, A. (1965): Bandoung: Tournant de la histoire, Robert Laffont: Paris.
  • GUITARD, O. (1976): Bandoung et le réveil des peuples colonisés, PUF: Paris.
  • HIRST, M. y ANTONINI, B. (2009): “Pasado y presente de la cooperación Norte-Sur para el Desarrollo”, Documentos de Trabajo sobre Cooperación Sur – Sur, DGCIN: Buenos Aires.
  • LECHINI, Gladys (2009): “La Cooperación Sur-Sur y la búsqueda de autonomía en América Latina. ¿Mito o Realidad?, Relaciones Internacionales, nº 12, octubre, pp.55-81
  • MESA, R. (1993): La Conferencia de Bandung, Historia 16: Madrid.
  • MILANI, C. (2012): “Aprendendo com a história: críticas à experiência da Cooperação Norte-Sul e atuais desafios à Cooperação Sul – Sul”, Caderno CRH, UFBA, vol.25, nº 65, maio/agosto, págs. 211-231.
  • SOARES, P. (2011): O Brasil e a Cooperação Sul-Sul em três momentos de Política Externa: os Governos Jânio Quadros/João Goulart, Ernesto Geisel e Luiz Inácio Lula da Silva, FUNAG: Brasília.
  • UNCETA, K. y YOLDI, P. (2000): La cooperación al desarrollo. Surgimiento y evolución histórica, Gobierno Vasco: Donostia/Gasteiz.

Bruno Ayllón Pino es Doctor en Relaciones Internacionales e Investigador Prometeo (Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación) en el Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador (brunespa@gmail.com)

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