Un orden internacional en plena ebullición: El 2015 (China) y sus semejanzas con 1945 (EE.UU), por Esteban Actis

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Si cualquier profesor de Relaciones Internacionales intenta explicar el funcionamiento del orden internacional actual afirmando que el mundo experimenta un momento histórico  similar al del año 1945,  seguramente desorientará a gran parte del alumnado.  A pesar de la dificultad analítica de transpolar la actualidad a momentos históricos específicos, es interesante comprender los últimos movimientos que viene realizado la República Popular China en el tablero internacional a la luz de la situación que EEUU experimentó una vez finaliza la segunda guerra mundial. En otras palabras, existe un interesante paralelismo entre el robustecido involucramiento internacional de China bajo la presidencia de Xi Jinping con la inmediata estrategia global de Washington de posguerra.

El fin de aquel acontecimiento, que devastó a toda Europa y a una importante parte de Asia, erigió como una gran potencia económica  mundial a los EEUU  la decisión, entre otras, de comenzar a ejercer plenamente su rol de gran acreedor internacional.  Durante los años de entreguerras, y en particular, durante el gran conflicto bélico, EEUU logró acumular (ahorrar) un importante poder económico como consecuencia del crecimiento de su economía y de su tardío involucramiento en la guerra. Finalizada la misma, la utilización de los recursos económicos fue funcional para expandir su influencia en todo occidente, en el marco del inicio de la guerra fría. Los dólares destinados al plan Marshall en Europa, la asistencia a Japón y la ayuda a sus aliados asiáticos (como Corea del Sur) fueron la principal arma para atraer a dichos países a la esfera de influencia norteamericana y alejar así cualquier posibilidad de injerencia soviética. En ese contexto, los EEUU comenzaron a promover un conjunto de instituciones internacionales bajo su control y dominio -como el Banco Mundial y el FMI- con el fin de canalizar institucionalmente el nuevo poder norteamericano.

Habiendo trascurrido más de setenta años, la foto del actual orden internacional guarda una enorme semejanza con aquella experiencia histórica. El año 2015 parece ser el momento bisagra  de  la paulatina y gradual transformación de la República Popular China de una  “potencia emergente” a una “gran potencia mundial”.  Haciendo un paralelismo con el ascenso estadounidense, la economía china logró, desde inicios del siglo XXI,  acumular poder económico (ahorro) visible en los 3.8 billones de dólares de las reservas internacionales.  El crecimiento económico sostenido de dos dígitos, su superávit comercial  y su “desacople” de la gran crisis financiera y económica internacional iniciada en 2008 le permitieron transformarse en el gran acreedor del sistema internacional.  Actualmente,  la modificación sustancial  es que China ha comenzado a jugar activamente dicha condición en el escenario internacional,  no solo para seguir fortaleciendo su poderío económico, también  -y acá la novedad- para ganar mayor influencia política y estratégica en las relaciones internacionales. Dicho de otra manera, China ha dejado de considerar a su ahorro como un mero “atributo de poder” para comenzar a hacer un “ejercicio” de dicho recurso de poder en el plano internacional.

Si en los últimos años el avance del capital chino se daba principalmente por el canal comercial y por la expansión de sus empresas vía inversiones en el exterior (ya sea por adquisiciones  o por proyectos productivos) con el acompañamiento de la banca pública y privada, en los últimos meses se observa un involucramiento directo del gobierno chino en brindar recursos (como por ejemplo mediante instrumentos financieros como los Swpas) a aquellas economías con importantes problemas en sus balanzas de pagos (caso argentino).  A su vez, la importante adhesión que ha tenido el lanzamiento del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB por sus siglas en inglés) indica que China no está dispuesta a esperar eternamente los cambios que reflejen la nueva distribución del poder en las instituciones multilaterales de crédito bajo influencia de los EEUU,  como son el Banco Mundial y el FMI.  A pesar de la reticencia y advertencia de los EEUU, tradicionales aliados como el Reino Unido, Alemania, Japón, Australia, Corea del Sur, entre otros (a finales de marzo eran 45 los países adherentes) han aceptado la invitación de Pekín de ser miembros fundadores de la institución. El punto radica en que nadie se quiere quedar afuera de los 100.000 millones de dólares que el Banco está dispuesta a invertir en la infraestructura mundial.  La “chequera” china comienza a ser un imán que atrae a todos los actores del sistema internacional, incluso aquellos que históricamente se han mantenido bajo la esfera de influencia de los EEUU.  Por ejemplo, los principales aliados europeos  de Washington  son conscientes que el nuevo “Plan Marshall” que el viejo continente necesita para modernizar su tan elogiada infraestructura no vendrá de occidente sino de oriente.

En definitiva, si los días que transcurren nos hacen viajar setenta años atrás, los principales interrogantes residen en conocer cómo será la futura dinámica de la nueva bipolaridad del orden internacional.  A diferencia de la guerra fría, la hegemonía del capitalismo como sistema ordenador no se discute. La actual disputa es por obtener mayores márgenes de riqueza y poder al interior de un capitalismo globalizado y transnacional, ordenado -todavía- bajo los principios liberales occidentales. En ese marco, ¿Cuál será la reacción de los EEUU?,  ¿intentará, como auguran los enfoques Realistas, disputar la mayor influencia China, conllevando inexorablemente nuevas controversias/tensiones a nivel global?  O de lo contrario, ¿dejará que la potencia asiática tenga mayores responsabilidad en la estabilidad mundial dado sus limitaciones materiales para proveer dicho bien público (ahorro) y abogará una relación de mayor coordinación y cooperación, según la visión liberal/institucionalista? A pesar de las dudas planteadas, queda en claro que la manera en que Washington reaccione ante la acelerada y renovada estrategia de Pekín condicionará  el futuro del orden internacional.

Esteban Actis es Doctor en Relaciones Internacionales, Becario Pos Doctoral del CONICET, Profesor de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina (e.actis@conicet.gov.ar).

 

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