¿Solos o acompañados? El apoyo internacional a la Argentina frente a los buitres, por Esteban Actis

La actual disputa que tiene la Argentina con los denominados fondos buitres es sin lugar a duda el tema más relevante del actual frente externo del país por las implicancias políticas y económicas que tiene el asunto. Una vez conocida la decisión de la Corte Suprema de Justicia de los EEUU el pasado junio, y de forma paralela a la estrategia judicial, la diplomacia argentina ha buscado y conseguido importantes apoyos en el plano externo con el objetivo de mejorar su posición de fuerza en la controversia en cuestión. Muchas voces a nivel internacional han recalcado el justo reclamo de la Argentina ante el avance de sectores privados especulativos que ponen en jaque los procesos de reestructuración de deuda soberana. Ahora bien, luego de varios meses de una intensa actividad diplomática, qué evaluación se puede hacer de los resultados de la estrategia argentina. En otras palabras ¿frente a los fondos buitres la Argentina se encuentra sola o acompañada?

Distintos acontecimientos evidencian que la Argentina logró un importante acompañamiento discursivo y normativo a la hora de reivindicar los derechos soberanos argentinos frente al planteo extorsivo de sus demandantes. Múltiples organismos regionales y multilaterales (MERCOSUR, UNASUR, CELAC, OEA, Cumbre Iberoamericana, la Asamblea General de Naciones Unidas) como así también foros y coaliciones informales (G-77, BRICS) han manifestado su apoyo al país sudamericano frente a la investida de los fondos especulativos que litigan para cobrar la totalidad de la deuda. A su vez, la Argentina consiguió que los principales gobiernos de las denominadas “potencias emergentes” como Brasil, Rusia y China se solidaricen con la causa. Sin embargo, el respaldo a la Argentina ha quedado en el plano discursivo, concretándose pocas acciones concisas que puedan alterar el rumbo de las negociaciones. Al carácter no vinculante de las decisiones de los organismos, siendo el caso más evidente el de la Asamblea General de la ONU, se le suma cierta inacción de los denominados países emergentes. Por ejemplos, dichos Estados cuentan con abultadas reservas internacionales y Fondos Soberanos de Inversión (FSI) que pueden servir tanto para recomprar los bonos y así lograr un posterior acuerdo interestatal o incluso brindarle a la Argentina créditos a tasas bajas (no captables en el mercado privado) para suplir la falta de dólares que experimenta la economía argentina, situación agravaba por el default impuesto por los mercados. En ese sentido, que la Argentina logre obtener robustos canales de dólares

“baratos” representa el talón de Aquiles de los fondos buitres. Hasta el momento el único apoyo material ha sido el swap de divisas acordado con el Banco Central de la República Popular China.

Ahora bien, cuáles son los factores que explican que el apoyo a la causa argentina no trascienda el plano de la retórica. En primer lugar, la lectura del gobierno de Cristina Fernández ha sido en clave idealista/institucionalista en detrimento de una mirada realista, en lo relativo al funcionamiento de las relaciones internacionales. En otras palabras, ha habido una excesiva confianza en el peso de la gobernanza global como mecanismo para resolver una controversia propia de la globalización y una subestimación sobre los constreñimientos de la estructura de poder en el escenario internacional. En segundo lugar y vinculado a lo anterior, el resultado de la gran crisis global iniciada en 2008 no fue, como se esperada, una mayor regulación de los Estados en la economía internacional. Por el contrario, la visión liberal de primacía del mercado sigue siendo muy fuerte. El peso del sistema financiero en el capitalismo no se ha visto resentido, como así tampoco sus prácticas más perversas. Para las potencias emergentes, fuertemente conectadas con el sector financiero, desarrollar acciones que desafíen algunas prácticas de los poderosos fondos de inversión tiene importantes costos. Como último punto, el “viento de cola” que supieron tener los países emergentes producto de elevados precios internacionales de las materias primas parece llegar a su fin. Como lo demuestran los casos de Rusia y Brasil, las abultadas reservas internacionales acumuladas en los años de bonanza deberán ser utilizadas para enfrentar los desajustes macroeconómicos y no para intentar obtener más influencia en el plano internacional.

En definitiva, el importante acompañamiento internacional que la Argentina recibe en la denominada “batalla del siglo” no se ha traducido en hechos tangibles que puedan revertir la posición de debilidad que se encuentra la Argentina consumados los fallos adversos en la justicia de los EEUU. A la víspera de nuevas negociaciones en el 2015 -aunque parezca una paradoja- en la disputa contra los buitres los argentinos nos encontramos, parafraseando al escritor Jorge Bucay, solos y acompañados”.

Esteban Actis es docente de la Cátedra de Política Internacional de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales  de la Universidad Nacional de Rosário, Argentina (e.actis@conicet.gov.ar)

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