Argentina y Brasil: Hacia una Alianza Estratégica… con China, por Esteban Actis

La relación bilateral entre Argentina y Brasil en la primera década del Siglo XXI estuvo signada  por el incremento de la interdependencia política y económica.  Con un nuevo ciclo de crecimiento de ambas economías el andamiaje de las políticas de integración comercial de los años ochenta y noventa comenzó a funcionar.  En realidad el dato distintivo entre 2003-2010 fue el fortalecimiento del eje político entre Brasilia y Buenos Aires.

 Como en otras oportunidades históricas, el distanciamiento relativo y el rechazo a muchas políticas que impulsaba la potencia hegemónica (EEUU)  fue un factor clave en el impulso de la Alianza Estratégica entre Argentina y Brasil.  Así, una de las llaves para evitar los constreñimientos de los EEUU (como su propuesta del ALCA) era alcanzar una “autonomía relacional” en materia de inserción internacional.  Lograr un “polo regional de poder”  era una percepción compartida en ambos lados de la frontera y fundamental para alejar  las injerencias negativas de Washington.

 La voluntad política de avanzar en la Alianza Estratégica quedó reflejado en la firma del “Banco del Sur” en la ciudad de Buenos Aires en 2007,  en los múltiples proyectos de inversión en infraestructura  y energía financiamiento por Banco de Desarrollo brasileño (BNDES), en la creación del Sistema de Pagos en Monedas Locales lanzado en 2008, en la instrumentalización de un préstamo swap  por el equivalente a 1.500 millones de dólares en 2009, para citar algunos ejemplos.

Sin embargo, con la llegada de la segunda década del siglo XXI, el escenario descripto comienza a sufrir alteraciones.  Como en otras oportunidades históricas, el deterioro relativo del vínculo bilateral entre Argentina y Brasil tiene una explicación (entre muchas otras)  por los cambios en el escenario internacional.  En esta oportunidad no se debe a la estrategia de avance y cooptación (la famosa tesis de divide y reinarás)  por parte de Washington.  El avance  de China en la región ha sido un factor nocivo para el vínculo entre Argentina y Brasil. Los incentivos materiales que ofrece el gigante asiático han sido un limitante más para la consolidación de la tan mentada y buscada “Alianza estratégica”.

 A la agresiva penetración económico-comercial de la última década ahora se le suma la emergencia de una cooperación política individual por parte de Brasil y Argentina con China.  Lo que antes se buscada y se coordinaba con el vecino ahora se consigue en Beijing.  El desvío de comercio bilateral a favor de los productos China,  la cooperación en materia financiera entre Brasil y China  (y otros emergentes) con la creación del “Banco BRICS” como la conformación de un Sistema de Pagos en Monedas Locales entre los bancos centrales de China y Brasil, el arribo de empresas y financiamiento chino para las principales obras de infraestructura en Argentina (Represas en Santa Cruz y reparación del Belgrano Carga) y el reciente anuncio de un swap entre el banco central de Argentina y el de China para estabilización de las reservas son ejemplos de cómo la dinámica se ha ido moviendo desde una lógica intra-regional a otra extra-regional.

En paralelo a la languidez que viene adquiriendo la relación entre Argentina y Brasil se observa un robustecimiento político de los vínculos bilaterales con China.  Los ejemplos expuestos evidencian lo dicho. El futuro inmediato mostrará los costos/beneficios y las limitaciones /oportunidades que ofrece dicha opción internacional para el desarrollo de los dos países sudamericanos.  En definitiva, los hechos muestran que el fútbol no es la única  amenaza a la unidad argentina-brasileña. Los dólares chinos parecen tener un efecto tan poderoso  como los goles alemanes.

Esteban Actis es docente de la Cátedra de Política Internacional de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (e.actis@conicet.gov.ar)

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