Un baño de realidad “periférica” para Brasil, por Esteban Actis

Finalizada la primera década del siglo XXI, puede afirmarse que uno de los aspectos más estudiados y comentados tanto en el ámbito académico de las Relaciones Internacionales como en la prensa especializada ha sido el ascenso de Brasil, considerado para muchos un referente ineludible de las denominadas “potencias emergentes”, es decir, de aquellos países del mundo que más próximos están de convergir con el denominado mundo del desarrollo. En el caso de Brasil tres pilares pueden destacarse como nodales a la hora de señalar su reconocimiento global. A saber: 1) el crecimiento y estabilidad económica basado en el mantenimiento de políticas macroeconómicas de corte ortodoxas; 2) el avance en materia social a partir de una mejor distribución de la riqueza y una mejora de vida de amplios sectores sociales tradicionalmente postergados, 3) un mayor involucramiento político en el escenario internacional con el fin de sentarse definitivamente en la “mesa de los grandes” para articular y estructurar el orden internacional.

Sin embargo, el indiscutible  ascenso global de Brasil  ha sufrido algunos golpes a lo largo del 2013, justamente desde la fragilidad en los pilares mencionados.  Para Brasil el 2013 significó un baño de realidad periférica en el sentido de la visibilidad de ciertas limitaciones que aún tiene el gigante sudamericano, propias de las naciones del denominado “Sur”.

Con respecto al primer punto, la expansión  económica basada en el “ahorro externo” -es decir el ingreso de capitales internacionales como sostén del crecimiento económico- es un problema para países que no tienen control sobre las decisiones que direccionan los flujos de capitales. Así como pasó en los años ochenta,  la decisión de la Reserva Federal de EEUU de abandonar su política de estímulos y la consiguiente suba de las tasas de interés han comenzado a generar gravísimos problemas  para la economía carioca. La salida de capitales y la devaluación -hecha por el mercado- de su moneda  son claros ejemplos.

Segundo,  las masivas protestas callejeras que tuvieron su epicentro en Junio pasado señalaron que la deuda interna  sigue siendo importante en Brasil. Los reclamos de la “nueva” y “vieja” clase media de mejoras en servicios básicos como educación, salud y transporte -en un contexto de visibilidad internacional por  la Copa de las Confederaciones de futbol- generó un fuerte cimbronazo político en Brasil.  La sofisticación de las demandas sociales aumentan y las respuestas desde el Estado parecen no conformar a gran parte de los brasileños.

Por último, las recientes filtraciones sobre el espionaje de los EEUU a funcionarios y empresas brasileñas dan cuenta del escaso poder y control  que cuenta Brasil en el denominado Ciberpoder. A diferencia de la “emergente” China, Brasil parece no contar con suficientes recursos para hacer frente a esta nueva dimensión del poder a nivel internacional. Como otras tantas veces a lo largo de la historia, los EEUU mostraron su rostro imperial a su patio trasero. De ahí el profundo malestar de Dilma Rousseff.

Como conclusión,  las nociones de “potencias emergentes” o “potencias medias”  han hecho muchas veces difusas las tradicionales categorías de “centro” y “periferia”. Empero, a pesar de los avances y logros de Brasil en lo que va del siglo, revertir los tradicionales problemas asociados a la  condición periférica no es tarea sencilla.  El 2013 ha provocado sin lugar a duda un baño de realidad para Brasil.

Esteban Actis es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Doctorando en la misma casa de estudio y Docente de la Cátedra Política Internacional Latinoamericana. Desde el 2010 es  Becario Doctoral de Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina – CONICET (e.actis@conicet.gov.ar).

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